El consumo de drogas afecta a tu salud bucal

drogas

Tenía solo siete años cuando mi hermano me enseñó a montar en bici. Me caí tres veces antes de lograr mantener el equilibrio, pero él no se rindió conmigo. Me agarraba con fuerza por la espalda, me decía que podía hacerlo, que solo tenía que confiar. Durante mucho tiempo, pensé que era invencible. Era fuerte, simpático, guapo… el típico chico al que todos admiraban en el barrio. Yo también lo admiraba. De hecho, creo que lo admiraba más que nadie.

Con el paso del tiempo, lo fui viendo cambiar. No de golpe. No fue como en las películas donde alguien se mete en el mundo de las drogas de la noche a la mañana. Fue lento. Silencioso. Casi imperceptible. Empezó con algo “para el fin de semana”, algo “que no pasa nada, lo hacen todos”. Luego era más de una vez a la semana. Luego ya no se escondía. Luego no se reía tanto. Luego se levantaba tarde. Luego dejó de ir a entrenar. Luego se puso agresivo. Luego simplemente… no volvió a ser el mismo.

No sé en qué momento dejó de ser mi héroe y pasó a convertirse en un desconocido. Pero sí sé que lo fui perdiendo de a poco. Y también sé que esa pérdida empezó con una elección. Una que parecía pequeña. Una que muchos de mis amigos también están tomando.

Por eso estoy escribiendo esto. Porque no quiero que nadie más pase por lo que yo he pasado. Porque aún puedo escuchar su tos seca en las madrugadas. Aún puedo ver su boca ensangrentada tras una infección que nunca se curaba. Aún me acuerdo de cómo cerraba los ojos para no verse en el espejo. De cómo se escondía los dientes cuando sonreía.

Porque sí, las drogas te matan por dentro… y también se te nota por fuera.

 

¿Por qué hablamos tan poco de lo que las drogas hacen a la boca?

La mayoría de campañas contra las drogas hablan del cerebro, de la depresión, del corazón o de los pulmones. Todo eso es verdad. Pero nadie te dice que también te quedas sin dientes. Que te huele la boca como si estuvieras muerto por dentro. Que se te necrosan las encías. Que no puedes ni comer porque todo te duele. Que se te cae la mandíbula. Literalmente.

Mi hermano pasó de tener una sonrisa que parecía de anuncio, a tener la boca de un hombre de ochenta años enfermo. Perdió piezas, tenía caries profundas, infecciones que se extendían hacia los senos paranasales. Lo llevamos a una clínica dental en la que nos dijeron algo que no se me va a olvidar nunca:

Cuando las sustancias químicas invaden tu cuerpo, las mucosas son de las primeras en reaccionar. Lo que vemos en su boca es el reflejo de un cuerpo que lleva años pidiendo auxilio.”.

Ese día lloré delante de una dentista, y me dio igual. Porque ahí comprendí que mi hermano no solo estaba mal por dentro, sino que cada vez que intentaba sonreír, lo que quedaba de él gritaba que algo iba muy mal.

 

¿Qué provocan ciertas drogas en los dientes?

Las drogas afectan a todos los órganos, pero la boca es una de las partes más vulnerables, y eso se nota pronto. De todas las sustancias, algunas son especialmente agresivas para la salud bucal. Voy a tratar de explicártelo para que lo entiendas:

  • Cocaína: provoca sequedad extrema en la boca. Sin saliva, no se eliminan bien las bacterias, y empiezan las caries, las infecciones, el mal aliento y las encías retraídas. Mi hermano usó cocaína, y en sus últimos meses no podía ni comer cosas calientes ni frías. Todo le dolía.
  • Cristal y metanfetaminas: destrozan la boca a toda velocidad. En apenas meses se pueden perder dientes y dañar el esmalte de forma irreversible. Es lo que llaman “boca de metanfetamina”.
  • Cannabis: aunque muchos lo ven como algo “light”, también genera sequedad bucal, encías inflamadas y más riesgo de caries.
  • Tabaco y alcohol: aunque legales, son drogas. Y también son una bomba para la salud bucodental. El tabaco mancha los dientes, los debilita, y el alcohol favorece infecciones.
  • Heroína y opiáceos: además de todos sus efectos sistémicos, hacen que quienes las consumen descuiden por completo su higiene bucal. Las infecciones sin tratar terminan en abscesos, pérdida dental y dolor constante.

En BioDentClinic, clínica dental con experiencia en el tema, me explicaron algo que me marcó: “Muchas veces, en los pacientes adictos, es la boca la que primero nos avisa de que hay una adicción no tratada. Hay signos evidentes que el cuerpo no puede esconder”. Me lo dijeron cuando quise pedir ayuda para mi hermano, y, desde entonces, yo no pude dejar de mirar esas manchas negras que antes habían sido dientes sanos… cada vez más preocupado por él.

 

La vergüenza que no te deja pedir ayuda

¿Sabes qué es lo más cruel? Que cuando más ayuda necesitaba mi hermano, más se escondía. Por vergüenza. Porque le daba miedo que la gente lo viera con la boca destrozada. Porque en su cabeza, pedir cita con un dentista era reconocer que estaba perdido. ¿Y sabes qué? No lo estaba. Todavía no…

Las clínicas dentales no están solo para ponerte brackets cuando eres adolescente. También están para ayudarte cuando todo va mal. Y hay profesionales que no te van a juzgar. Que no te van a gritar “¿cómo te hiciste esto?” sino que van a decirte “vamos a intentar salvar lo que se pueda”.

Tienes que tener en cuenta que lo primero es estabilizar la salud bucodental. Luego, el siguiente paso es recuperarse, seguir adelante… desintoxicarse y volver a ser el que eras. Porque merece una segunda oportunidad.

Mi hermano la merecía, solo que no llegó a tiempo. Pero tú sí puedes.

 

Yo no soy médico, pero te digo lo que aprendí

No soy dentista. No soy psicólogo. No soy experto en drogas. Pero soy alguien que perdió a su hermano muy joven por una cadena de decisiones equivocadas. Y he aprendido unas cuantas cosas que ojalá alguien me hubiese contado antes:

  • Las drogas no te dan poder. Te lo quitan. Poco a poco, sin que lo notes.
  • La salud bucal no es solo estética. Si se te cae un diente por una infección no tratada, esa infección puede llegar al corazón. Puede matarte.
  • No hay droga “blanda” cuando se convierte en dependencia.
  • La boca es un espejo de lo que está pasando dentro de ti. Escúchala.
  • Hay clínicas que realmente quieren ayudarte, no solo venderte un blanqueamiento.

 

Lo que puedes hacer tú, ahora mismo

Sé que quizás tú no consumes nada. Que tal vez solo fumas a veces. Que a lo mejor solo lo haces cuando sales. Pero también sé que una vez que entras, salir es muy difícil. Así que si todavía estás fuera, mantente lejos. Y si ya estás dentro… todavía hay salida.

Te dejo algunas cosas reales, útiles, que sí funcionan. No como esas frases vacías que ves en los carteles:

  • Busca ayuda profesional, aunque creas que no estás tan mal. No hace falta tocar fondo para pedir ayuda.
  • Revisa tu boca. Si tienes caries, infecciones o dolor crónico, acude a una clínica. Cuanto antes, mejor.
  • Rodéate de personas que quieran lo mejor para ti. La droga va muy de la mano con entornos donde la tristeza y la evasión son lo normal. Rompe ese círculo.
  • No tengas miedo de sentirte vulnerable. Lo valiente es reconocer que algo va mal, no hacer como si todo estuviera bien.
  • Comparte lo que sabes. Si conoces a alguien que se está metiendo en esto, habla. No lo dejes solo. Dile lo que sabes. Cuéntale lo que has visto. Aunque se enfade contigo. Aunque no te escuche del todo.

 

Aún tengo su bicicleta en casa

Hay una bicicleta roja en el garaje. La guardo desde hace años. Es la que usaba mi hermano cuando me enseñó a montar. Está oxidada, con las ruedas pinchadas, pero no puedo tirarla. Cada vez que la veo, me acuerdo de sus manos sujetándome por la espalda. De su voz diciéndome que confiara. De sus carreras por la acera, riendo, mientras yo pedaleaba intentando no caerme. De los dos celebrando con polos de limón en verano. De cuando éramos invencibles, o eso creíamos. De cómo, por un momento, la vida parecía eterna.

Ahora esa bici está quieta. Como su vida. Como todo lo que ya no va a volver. Lo que las drogas nos arrebataron sin avisar, sin freno, sin compasión. A él, su cuerpo. A mí, mi hermano. A todos, sus recuerdos con futuro.

Yo ya no tengo a quién sujetar. Pero tú sí. A ti mismo, a tus hermanos, a tus amigos, a esa chica que se está metiendo de más sin que nadie diga nada. Sujétalos. Abrázalos. Haz ruido. No mires a otro lado. Diles que las drogas no liberan, esclavizan. Que no curan, destruyen. Que no dan felicidad, la imitan. Que no valen una vida. Que no hay vuelta cuando todo se rompe por dentro.

Y sobre todo, no dejes que te quiten la sonrisa. Porque una vez se pierde, cuesta mucho volver a construirla. Y a veces, cuando quieres recuperarla, ya es demasiado tarde. Y no hay nada más cruel que el silencio de lo que no se dijo a tiempo.

COMPARTE ESTE ARTÍCULO
OTRAS PUBLICACIONES DE INTERÉS
CATEGORÍAS