Caries radicular, infecciones en las encías y el síndrome de boca seca (xerostomía) son las enfermedades que más suelen padecer las personas mayores de 50 años. Una edad en la que hay que prestar una especial atención a la salud bucodental.
Cuidar nuestra boca y nuestra dentadura es algo que debemos hacer a lo largo de toda nuestra vida. Pero cobra una especial importancia cuando superamos la barrera de los 50. A esa edad, el cuerpo humano experimenta un bajón de salud acuciado. Un deterioro que vamos a percibir aunque llevemos un estilo de vida saludable y que, por supuesto, también va a afectar a nuestra boca.
Muchos de los problemas bucodentales que se manifiestan a estas edades llevaban tiempo fraguándose, como una caries profunda o una periodontitis. Pero debido a un debilitamiento general del organismo, explosionan en ese momento, volviéndose más evidentes.
Pasados los 50, determinados trastornos no se pueden pasar por alto. No podemos hacer caso omiso de daños que están sufriendo nuestra boca y los tejidos colindantes. Puesto que, si no ponemos remedio, en menos tiempo del que pensamos, la enfermedad se puede complicar.
Estos problemas bucodentales de los que vamos a hablar en este artículo no solo afectan a la masticación de los alimentos, sino que comprometen nuestra calidad de vida. Las caries radiculares, de las que hablaremos más adelante, suelen acarrear un aumento de la hipersensibilidad dental. La persona deja de tomar bebidas frías en pleno verano por el dolor que siente en los dientes. La caída de piezas dentales, que también es notoria en esta etapa de la vida, implica un masticado deficiente de los alimentos que provoca digestiones pesadas y dolores abdominales.
En fin, esta es una edad delicada en lo que se refiere a la salud bucodental. Vemos a continuación las dolencias y enfermedades bucodentales más habituales entre las personas mayores de 50 años.
Caries radiculares.
La caries radicular, como explica el portal Scielo Colombia, es una caries que se produce en una parte del diente que antes estaba sumergida y que queda al descubierto porque las encías se retraen. Es decir, baja la línea de las encías.
Esta es una caries más agresiva, puesto que en la parte del diente que antes estaba protegida por el tejido gingival tiene un esmalte más delgado y débil. Lo que facilita que la corrosión de las bacterias avance con más rapidez hacia las capas internas del diente.
A estas edades las encías se pueden replegar por varios motivos. Todos ellos, como veremos a lo largo del artículo, son condiciones de salud bucal habituales en el sector de edad al que nos estamos refiriendo. Las encías se pueden replegar por una gingivitis, por una periodontitis, que es una infección de las encías más profunda, porque la boca no segrega la suficiente saliva o por un tabaquismo sostenido durante décadas.
Indica la revista colombiana Salud Uninorte que la caries radicular afecta a la calidad de vida de los enfermos. Estas caries pueden dar lugar a infecciones severas, que provocan episodios de dolor en el paciente y que, si no se tratan a tiempo, pueden implicar la extracción de la pieza dental afectada. Al mismo tiempo, al quedar expuesta la dentina, una capa interna del diente, suele provocar hipersensibilidad dental tanto ante el frío como ante el calor. Esta modalidad de caries está despertando el interés de la comunidad odontológica; tanto es así que ha suscitado la publicación de 81 artículos sobre el tema, en revistas médicas, entre 1971 y el 2021.
Periodontitis.
La periodontitis es una infección grave de las encías que termina comprometiendo la estabilidad de la pieza dental, hasta hacer que el diente natural se caiga. Esta infección puede interferir en complicaciones de salud aún mayores.
La periodontitis suele ser el desarrollo de una gingivitis no curada. En la gingivitis, la placa bacteriana ataca la línea de las encías que sella la emergencia del diente. Esta infección suele producir un enrojecimiento de la parte de la encía infectada y sangrado al cepillarnos.
Cuando la gingivitis evoluciona a periodontitis, la placa bacteriana consigue penetrar en el interior de la encía. Formando bolsas de placa entre la superficie sumergida del diente y el tejido blando que lo sujeta. Y erosionando estas dos superficies. En la línea de la encía, el sarro forma una costra que sella el hueco que la placa bacteriana ha conseguido abrir y actúa como parapeto.
Las bolsas periodontales poco a poco se hacen más grandes y más profundas hasta llegar a la raíz del diente y corroer el hueso alveolar que lo sujeta.
La periodontitis suele ser frecuente entre personas mayores de 50 años, puesto que es una enfermedad que avanza de manera lenta y en silencio. Probablemente llegue a etapas avanzadas a estas edades, pero lleva incubándose durante años. No se ha erradicado antes, entre otras cosas, porque el paciente no se ha sometido a una limpieza dental profesional. El sarro no se consigue eliminar con el cepillado diario.
Los últimos adelantos técnicos en medios de diagnóstico por imagen computarizada, nos cuentan los odontólogos de HQ Tenerife, una red de clínicas dentales de esta isla canaria compuesta por profesionales en formación continua, que están al tanto de los últimos avances que se están dando en el sector y que emplean las últimas tecnologías, están facilitando que los dentistas sean más precisos a la hora de tratar la periodontitis y las infecciones periodontales. Ya que las tomografías y las radiografías digitales permiten tener un conocimiento más exacto del alcance de la enfermedad.
La pérdida de piezas dentales.
Relacionada con la periodontitis está la caída de piezas dentales. No en vano, la revista El Farmacéutico designa a esta enfermedad como la causa principal de pérdida de dientes en personas mayores de 50 años. Los últimos estudios realizados señalan que 6 de cada 10 adultos mayores de 45 años en España tienen periodontitis.
Si la periodontitis no se trata, avanza irremediablemente hacia la caída de la pieza dental. Luego, una vez el diente se ha caído, la solución es reemplazarlo por un implante.
Es importante que, cuando un diente se cae, se sustituya lo antes posible. Aunque se trate de una muela, que no se ve a simple vista. La razón es que la pérdida de dientes produce un desequilibrio en la dentadura que va a provocar que se sobrecarguen otras piezas dentales durante el masticado de alimentos, acelerando su deterioro.
Además, la caída de piezas dentales provoca un corrimiento general de la dentadura, la cual intenta cubrir los huecos que han quedado abiertos, procurando distribuir las tensiones de la acción masticatoria. Estos desplazamientos van a provocar, a su vez, problemas de oclusión entre las dos arcadas y desalineamiento dental.
Cuando se deja pasar tiempo entre la caída del diente y la colocación del implante, se corre el riesgo de que el hueso maxilar se retrotraiga. Al no sentir la presión del masticado, no se incentiva la función de la regeneración ósea.
La cantidad y calidad de tejido óseo disponible, para que se integre el implante, es una de las cuestiones que más valoran los especialistas antes de reconstruir una dentadura a la que le faltan piezas dentales.
Sequedad bucal (xerostomía).
La boca seca o xerostomía es uno de los trastornos bucales más frecuentes entre las personas mayores de 50 años. Como bien explica el blog de Laboratorios Lacer, se produce por un mal funcionamiento de las glándulas salivares. Las cuales dejan de producir la saliva necesaria, generando un ambiente tóxico en la boca que favorece la proliferación de bacterias y patógenos.
La xerostomía dificulta acciones cotidianas como hablar, masticar o tragar. Se detecta fácilmente por una incómoda sensación de viscosidad, saliva espesa, dolor de garganta y por una lengua apelmazada y áspera que apenas mejora al beber agua. Si no se trata a tiempo, su evolución puede originar halitosis (mal aliento), caries dentales y candidiasis bucal.
Esta falta de hidratación responde a diversas causas. Entre los factores más habituales destacan el consumo de tabaco y alcohol, las afecciones en las glándulas salivales y, de forma frecuente, los efectos secundarios de ciertos tratamientos médicos y medicamentos (como antihistamínicos, antidepresivos y fármacos contra la hipertensión).
A estos motivos se suman los cambios hormonales. Durante etapas como la menopausia, la disminución progresiva de los niveles de estrógenos afecta directamente a la densidad y el volumen de las secreciones salivales, aumentando notablemente la sequedad en las mucosas.
Atender a estos síntomas resulta crucial para prevenir complicaciones mayores. Mantener una hidratación constante, cuidar la higiene bucodental y acudir al especialista para ajustar la medicación o evaluar terapias específicas permitirá restaurar el flujo de saliva y garantizar una correcta salud oral.
Este es un punto importante. Puesto que con frecuencia, si tenemos este problema, tendemos a automedicarnos o a buscar remedios caseros, como chupar pastillas contra el dolor de garganta. Cuando se sufre xerostomía, es recomendable visitar a nuestro médico o a nuestro dentista.
Un buen momento para dejar de fumar.
Si a los 50 años no has dejado de fumar, es un buen momento para hacerlo. Ya no solo por las complicaciones respiratorias del humo del tabaco, sino porque este hábito es demoledor para la salud bucodental, y en especial pasados los 50.
Ya hemos visto cómo el tabaco hace que se segregue menos saliva, pero además, como señala Madrid Salud, dificulta la cicatrización de las heridas en la boca, ya que obstruye el riego sanguíneo que llega a los dientes y a las encías y aumenta el riesgo de infecciones, especialmente la periodontitis.
La nicotina y el alquitrán del tabaco penetran en el esmalte, provocando manchas persistentes y el oscurecimiento progresivo de los dientes. Estas sustancias tóxicas causan halitosis o mal aliento crónico y alteran los sentidos del gusto y del olfato, reduciendo la capacidad para percibir los sabores y olores de forma adecuada.
A nivel interno, el tabaco reduce el flujo sanguíneo en la mucosa oral y altera las defensas naturales, facilitando la proliferación de bacterias e infecciones como la candidiasis. Esta falta de oxigenación en los tejidos retrasa de forma significativa la cicatrización de las heridas tras intervenciones o extracciones dentales. Del mismo modo, el calor constante del humo puede desencadenar lesiones de gravedad, como la leucoplasia (manchas blancas en las mucosas) o aumentar drásticamente el riesgo de desarrollar cáncer de boca.
Las enfermedades dentales a partir de los 50 son variadas y pueden volverse graves. Si hasta esa edad has estado siempre pendiente de tu salud bucodental, desde luego, no debes bajar la guardia. Si la has tenido desatendida, deberás tomártelo más en serio.
